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Al día siguiente nos levantamos a las 8:00 a.m. Nos arreglamos y bajamos a tomar el desayuno; estábamos emocionados y con muchas expectativas respecto al primer tour del día que consistía en un recorrido en lancha que salía a las 9:00 a.m. En la tarde nos iríamos a una cabalgata ecológica.
El comedor del hotel tiene una magnífica vista al mar y está dispuesto de tal manera que induce a la socialización entre los huéspedes. Mientras esperábamos el desayuno llegó una niña de unos 3 años que se quedó mirándome y me preguntó en media lengua: “¿Tu eres el chofer del barco? Le contesté que no y la chiquita comenzó a bombardearme con preguntas: “¿Por qué usas la cachucha del chofer? ¿Por qué eres tan barrigón? Entre tantos “por qué y por qué” aparecieron el papá y la mamá, salvándome del intenso interrogatorio. Nos presentamos y los invité a que se sentaran con nosotros para que compartiéramos la mesa: Mientras desayunábamos me convertí en el compinche de Adriana la niña preguntona y comenzó a florecer una cálida camaradería con Jairo y Maria Ximena, sus padres.
Finalizando el desayuno apareció un simpático isleño quién, tarjeta en mano y en un confuso spanglish, se presentó como Hippy, el capitán del bote Valentina; nos dijo que él nos llevaría a conocer algunas de las más importantes atracciones de Providencia y nos dio las instrucciones para encontrar la lancha.
PROVIDENCIA Y SANTA CATALINA, palpitantes. Abordamos el bote que estaba anclado en la playa privada del hotel e iniciamos el recorrido bordeando la isla; mientras la lancha avanzaba pude apreciar lo que en tierra es imposible visualizar: Providencia tiene un agreste y exuberante paisaje que oculta las casas que se encuentran alejadas de la carretera; pero desde el mar es donde se pueden ver las impactantes edificaciones que, a manera de pesebre, se han cimentado en estratégicos lugares con una vista al mar que servirían de inspiración para la escenografía de la más extraordinarias producciones cinematográficas. Algunas construcciones son pintorescos ranchos nativos, otras son casas de tal majestuosidad e imponencia que resulta difícil creer que estén en este paraíso tan rústico y natural.
LA CABEZA DE MORGAN En la medida en que avanzábamos Hippy nos hacía comentarios históricos y geográficos de las islas pero el ruido del motor y la mezcla de idiomas impidieron que se le entendiera gran parte de la valiosa información. Continuamos navegando a toda máquina y nuestro guía señaló el punto al cual nos dirigíamos; a lo lejos pudimos ver que en el extremo de la isla había una masa amarillenta que se erguía sobre el mar.
En la medida en que nos fuimos acercando pudimos comenzar a visualizar una formación rocosa que adquiría la caprichosa forma de una testa humanoide… era “La cabeza de Morgan” Teniendo en cuenta que es una formación 100% natural, resulta impresionante que, desde uno de sus ángulos, la roca se asemeja mucho al perfil de un hombre. “Hippy” aprovechó el momento y nos contó historias sobre las andanzas del pirata Morgan por estas islas.
SANTA ISABEL Y EL PUENTE DE LOS ENAMORADOS Dejamos atrás “La cabeza de Morgan” nos dirigimos al barrio Santa Isabel, en donde está el “Puente de los Enamorados”. Este puente fue otra de las importantes obras que aportó la administración del gobernador Simón González (QEPD). Santa Catalina y Providencia están separadas por unos 150 metros de aguas poco profundas y, antes de existir el puente, los residentes de ambas islas pasaban de lado a lado caminando o en canoas. Este puente, en parte flotante, le aportó a los isleños una gran comodidad, sobre todo a los habitantes de Santa Catalina que dependen de los víveres e insumos que llegan por Providencia.  Hippy comentó que “Los Enamorados” se convirtió en un importante atractivo turístico y dio lugar a la posterior construcción de otra atracción que consiste en un paseo peatonal por el borde de la isla Santa Catalina por el cual se llega al “Alto de la Virgen”. Tomé nota para incluir este paseo en nuestra agenda.
Desembarcamos en Santa Isabel que está contiguo a Pueblo Viejo, sector que se puede considerar como el casco urbano de Providencia. No nos demoramos en esta parada por que, en otro momento y por cuenta propia, podríamos regresar a Santa Isabel y Pueblo Viejo por tierra y recorrerlos con más calma; lo más importante del tour en lancha era conocer aquellos lugares a los que solo se puede llegar por mar. Acompañados por nuestros nuevos amigos, recorrimos rápidamente el comercio, tomamos algunas fotos y le compré a mi hija de cinco años un oso de felpa; pero Adriana, la niña preguntona, no dejaba de mirar el oso que le llevaría a mi hija y terminé comprándole y obsequiándole un felpudo gemelo.
EL PICO Y LAS NALGAS DE MOCKUS Nuevamente en la lancha, continuamos el recorrido, rumbo a “Cayo Cangrejo”; fue necesario pasar por debajo del puente “Los Enamorados” haciéndome recordar aquellos episodios de la niñez en los que experiencias tan sencillas como el paso bajo un puente, se convertían en las emociones más memorables de los paseos.
Comenzamos a alejarnos del centro Providencia, situación que fue aprovechada por nuestro guía para enseñarnos “El Pico” que, con 360 m. sobre el nivel del mar, se constituye como la altura mas elevada de Providencia. Supe que “El Pico” se puede encumbrar en 2 horas de camino, haciendo la mitad del recorrido a caballo y rematando a pié. Hippy también nos mostró un accidente geográfico natural muy curioso: hay una montaña que parece “cortada” en su parte más alta, formando una especie de cañón en medio de dos montículos. Los isleños bautizaron la montaña con el nombre “Las Nalgas de Mockus”.
LOS TRES HERMANOS Y CAYO CANGREJO Después de unas divertidas anécdotas e historias, continuamos avanzando hacia los cayos “Los tres hermanos” y a “Cayo Cangrejo”, pequeños islotes que hacen parte del Parque Nacional Natural Old Providence & Mc Bean Lagoon. Éste parque fue creado en 1995, está al nororiente de Providencia y tiene una extensión de 995 hectáreas de las cuales 905 son marinas. Tiene importantes ecosistemas ricos en manglares y fondos sedimentarios, arrecifes de coral, formaciones xerofíticas y sub-xerofíticas. Pasamos por “Los tres hermanos” pero no desembarcamos porque el grupo prefirió dedicarle mayor tiempo a “Cayo Cangrejo” donde se puede “caretear” mejor (nadar con careta) para ver el coral y la variadas especies marinas.
Llegamos a “Cayo Cangrejo” donde hay un pequeño muelle para desembarcar. Cuando uno se baja de la lancha, sigue por un tablado que conduce a los únicos vestigios de presencia humana: a las escaleras que llevan a la cima del cayo y a un bohío donde expenden refrescos, cócteles exóticos y agua de coco. En el bohío fuimos atendidos por una joven isleña que se las arreglaba muy bien para vender y simultáneamente cuidar a su pequeño hijo. Después de beber un refresco comencé a analizar el panorama y el sendero que conduce a la cima: es un camino compuesto de tramos naturales en piso rocoso y algunos trechos son escaleras en cemento. El sendero avanza en medio de una espesa vegetación en la que predomina el icaco, está demarcado por barandas de madera que facilitan el ascenso, al tiempo que sirven para evitar que los turistas se salgan del camino.
Nuestro grupo se dividió en dos: los que se bañarían en el mar y los que subiríamos a la cumbre. El guía nos dijo que en la cima solo podían estar dos personas simultáneamente pero yo quería tener tiempo y comodidad para hacer fotos, entonces me dediqué a hacer otras tomas mientras esperaba que los demás regresaran.  Cuando vi que todos habían regresado, subí por el sendero hasta que llegué a la roca que se encuentra en la cumbre. Escalar la roca cargado de equipos y sin ayuda fue complicado pero me di mañas hasta que logré coronar la cumbre. Exhausto por el esfuerzo y nervioso por el riesgo de caerme o que se estropeara parte del los equipos me senté en la cima buscando relajarme, pero de inmediato quedé maravillado con todo lo que desde ahí puede apreciar y me olvidé de todo lo demás. Desempaqué la cámara y comencé a tomar fotografías. Perdí la noción del tiempo y solo hasta que llegó “Hippy” para avisarme que ya era el momento de partir, me di cuenta que había permanecido más de una hora haciendo fotos y disfrutando de los paisajes.
 
Hippy apareció y me preguntó sobre quién me había ayudado a subir a la roca con todos mis equipos; con una mueca me dio a entender que no creía que yo había subido sin ayuda. Tratando de bajar fue que me di cuenta que el ascenso es mas fácil que el descenso y me percaté de lo imprudente que había sido al subir solo; gracias a la ayuda de nuestro amable guía, logré bajar sin contratiempos.
PLAYA SUROESTE De nuevo abordamos el Valentina y nos dirigimos a almorzar en la Playa Suroeste de Providencia, que sería el destino intermedio de nuestra aventura porque los demás turistas regresarían al hotel después del almuerzo mientras que nosotros continuaríamos con la cabalgata ecológica.
La Playa Suroeste es la más larga de la isla, hay varios restaurantes especializados en comida de mar y se caracteriza por ser escenario de unas carreras de caballos que ancestralmente se celebran todos los sábados. Decidimos almorzar “Donde Arturo” porque nos llamó mucho la atención que la cocina está en un kiosco central, a la vista de todos y cocinan con estufa de leña. Resultó ser una excelente elección.
Mientras llegaba la persona que nos recogería para ir a la cabalgata, nos dedicamos a hacer algunas fotos y a fisgonear a los isleños en sus actividades. Me entretuve mucho viendo a los niños jugar, observando a los pescadores que llegaban en sus canoas para clasificar y limpiar su mercancía y venderla a los restaurantes. Me hice amigo de una niña llamada Évelyn que jugaba con una llanta vieja de bicicleta y me pedía que le tomara fotos mientras hacía algunas acrobacias. También pude ver como un experimentado artesano enseñaba sus habilidades a un par de jóvenes que querían aprender el arte de hacer manualidades típicas isleñas.
 
La paz de la tarde fue rota por un loquito que llegó haciendo cabriolas en una ruidosa moto…A pesar de que yo no lo conocía, el muchacho de unos 18 años se dirigió directamente a mí, me saludó por mi nombre y se identificó… Era Michael, nuestro guía de cabalgata. Me dijo que las bestias estaban listas, a tres cuadras de la playa y que él nos llevaría en la moto para llegar más rápido. Uno a uno nos fue llevando en la moto hasta el establo.
LA LOMA DEL DIAMANTE Antes de partir nos ofreció tres alternativas de rutas y escogí la que él tenía bautizada como la “Ruta de montaña y playa” porque parecía ser la que prometía mayores posibilidades fotográficas. Michael resultó ser un chico simpático que no tenía condiciones de guía turístico pero fue un buen monitor de cabalgata. Todo el tiempo veló por la seguridad del grupo y, como cualquier adolescente, se integró a los jóvenes y se dedicó a charlar y hacer bromas con las muchachas mientras nos llevaba al interior de la montaña.
La ruta tuvo tramos difíciles en donde abundaban los senderos empinados y pedregosos; desde el momento en que me asignaron mi caballo, pensé que el pobre animal era muy pequeño para mi peso y, recorriendo semejantes caminos tan difíciles, me preocupaba que mi caballo no fuera capaz de continuar o que sencillamente se cayera. Pero el camino nos tenía otras sorpresas, también encontramos muchos arbustos espinosos llamados Cock – Spur, cuyas vainas negras son la morada favorita de las terribles hormigas Pseudomrymex Ferruginea, insectos que tienen fama de ser extremadamente agresivos y son temidos por su dolorosa mordedura.
Después de 40 minutos de tortuoso recorrido, la selva desapareció repentinamente y nos encontramos cabalgando sobre un terreno desgastado, a tan solo 15 metros de la cima de “La Loma del Diamante”, pero hasta que uno llega por completo en la cúspide, es cuando se puede ver lo que hay al otro lado. En el momento en que coroné la cumbre sentí como si se abriera un telón y quedé perplejo ante el espectáculo natural más hermoso que yo hubiese presenciado en mi vida: El mar de los siete colores surgía imponente, en todo su esplendor y enmarcado en medio de dos cerros cuya vegetación era la más verde que yo pudiese recordar. Todo el grupo quedó mudo ante lo que puedo definir como una visión apoteósica.
 Desmontamos los caballos para darles un descanso y nos dedicamos a tomar fotografías; después de media hora, Michael nos dijo que debíamos emprender la marcha para llegar de día a la playa de “Manzanillo”. Por fortuna el descenso fue por otra ruta menos agreste y llegamos a la playa sin mayores dificultades.
LA PLAYA DE MANZANILLO Para mi concepto, La Playa de Manzanillo es la más bella de Providencia; tiene una arena casi blanca y fina, está rodeada por unos paisajes bellísimos y, adicionalmente, está el Roland Bar.
Bebimos refrescos, escuchamos música y nos bañamos en la playa, pero el descanso dejó salir a flote el maltrato típico que sufrimos los jinetes inexpertos y nadie estaba dispuesto a recorrer ni un metro más a caballo. Hablamos con Michael y no le vio problema al hecho de regresar los caballos al establo sin sus “jinetes” y ofreció conseguirnos un taxi. Tranquilos por tener resuelto el tema de transporte para regresar al hotel, decidimos “echar una cana al aire” y cenar en esta playa.
El Roland Bar es un sitio único en su género y, creo, es el único bar que hay en Providencia; está en plena playa, con una decoración isleña deliciosa y tiene una completísima discoteca de reggae, calypso y soca. Uno de los encantos del sitio es que atiende personalmente Rolando, su dueño, quién vigila cada detalle con una mística increíble.  La atención, el ambiente y su ubicación estratégica lo hacen el sitio perfecto para pasar todo el día y gran parte de la noche, preferiblemente con su pareja. No solo se puede disfrutar de un día de playa con la música más apropiada para una rumba playera, sino que también se pueden probar cócteles deliciosos, platos típicos de la cocina isleña y todo lo que se pueda imaginar respecto a comida de mar. En la noche prenden fogatas y antorchas haciendo que el ambiente se vuelva más romántico, más bohemio y se sienta cargado de ese erotismo caribeño. ¿Precios? No es barato pero tiene costos justos para parejas que buscan un ambiente casi celestial.
Después de cenar nos surgió el agotamiento acumulado de todo un día de trabajo y no fuimos capaces de quedarnos a la rumba de esa noche. Antes de las nueve abordamos el taxi y nos fuimos a descansar, eso sí, prometiendo que regresaríamos al día siguiente.
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PROVIDENCIA (Comentario de RAFAEL ESTEVA el 2007-07-17 18:59:54) SE PODRIA DECIR MUCHO DE PROVIDENCIA, PERO ME LIMITO A DECIR QUE ALLI CONOCI EL PARAISO |
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